viernes, 13 de junio de 2008

¿Cómo sería tu vida trabajando 65 horas?

¿Cómo sería tu vida trabajando 65 horas?

BORJA VENTURA. 10.06.2008 - 13:24h
Diferentes visiones del trabajo (AGENCIAS).

La Unión Europea aprobó este pasado lunes una polémica directiva que amplía a 65 el número máximo de horas que comprenden una jornada laboral, cuya aplicación en los Estados miembros dependerá de la legislación interna de cada uno de ellos y de la negociación de los convenios colectivos con los sindicatos.

Con la nueva directiva se podría llegar a trabajar entre 12 y 13 horas diarias
Mientras muchos sindicatos defendían la instauración de las 35 horas semanales de jornada laboral (lo que supondría una jornada de 7 horas diarias), la legislación hasta el momento comprendía una horquilla de entre 40 (es decir, 8 horas diarias) y 48 (es decir, algo más de 9 horas y media al día) horas semanales como máximo.

Con el cambio aprobado este lunes por el Consejo de ministros de Trabajo de la Unión Europea, las 60 horas semanales dejarían una media diaria de 12 horas en el trabajo, 13 si el máximo fuera de 65 horas semanales, como se quiere aplicar a colectivos laborales como el de los médicos.

¿Cómo sería nuestra vida si se aplicara esta directiva?

Adiós a la jornada intensiva: pasar 12 ó 13 horas diarias en el trabajo implicaría tener que quedarte a comer, es decir, que serían 13 ó 14. Súmale una hora de desplazamiento para ir y volver del trabajo a casa y se queda en 15 ó 16. Sólo con dormir las 8 horas que recomiendan los expertos, ya tendríamos el día completo. Ni cenar, ni desayunar, ni ducharte, ni estar con la familia.

Además de éstas, hay otras consecuencias derivadas de esta situación: mayores salarios, sí, pero mayores gastos para otras cosas, como pagar a alguien para que cuide a los niños, cocine e incluso haga la compra por ti. Pero, al margen de análisis imaginarios, sí existen unos problemas reales que se derivarían de un aumento de la jornada laboral, aunque no sea en tantas horas.

  • Mayor siniestralidad laboral. Cuantas más horas trabajando, más fácil es tener un accidente laboral. Si los 844 accidentes laborales en el trabajo que contó el Ministerio de Trabajo en 2007 (PDF) (165 en los dos primeros meses de 2008) ya son una cifra alarmante, ampliar la jornada laboral no haría más que aumentar el número de accidentes laborales.
  • Menor calidad del servicio. Trabajar más horas seguidas haría que se trabajara más cansado, lo que repercutiría en la calidad del servicio prestado. Un reportaje publicado por el diario El País en 2005 sobre las guardias médicas ponía de manifiesto que varios estudios revelan las guardias sin libranza al día siguiente, lo que sería comparable a trabajar 12 ó 13 horas cada día, perjudican la salud y elevan el riesgo de cometer errores.
  • Peor calidad de vida. Un informe, también de 2005, de la revista Occupational and Environmental Health, recogía que los trabajadores que hacen horas extras son un 61% más propensos a sufrir heridas o enfermedades independientemente de la edad o del sexo del empleado.
  • Dudosa rentabilidad económica. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), unos dos millones de personas mueren cada año en todo el mundo por accidentes laborales o enfermedades derivadas del trabajo, lo que genera un gasto equivalente al 4% de la riqueza del mundo (PDF). Si aumentar la jornada laboral haría crecer el número de accidentes, en consecuencia también sería mayor el gasto que éstos generarían.
  • No por más trabajar se produce más. Además de esta dudosa rentabilidad, otro informe apunta a que incrementar la jornada laboral no conllevaría una mayor productividad en el puesto de trabajo, sino al contrario, ya que hay una relación negativa entre el tiempo de trabajo y la productividad de forma que se tiende a disminuir el aprovechamiento que se hace de cada hora trabajada. Según datos del euroindicador laboral de 2006 (PDF), España es uno de los países con la jornada laboral más larga de Europa, pero presenta un bajo rendimiento por hora trabajada.
  • Fin de la conciliación laboral. Aumentar de forma drástica el número de horas trabajadas haría que se pasara mucho menos tiempo en casa, lo que supondría el fin de toda esperanza de conciliar la vida laboral con la personal. Además, según un informe de la OIT revela que la jornada laboral de las mujeres es normalmente más corta que la de los hombres, debido seguramente a que soportan el grueso de las labores del hogar. Si a esto se añade que la mayoría de altos cargos son hombres y que, además, los altos cargos trabajan más horas (PDF) según Randstad, muchos núcleos familiares podrían verse afectados por incrementar la jornada laboral.

¿Cómo es la situación en el resto del mundo?

En otros países, según datos publicados por la Organización Internacional del Trabajo, se observa la misma tendencia: a más horas trabajadas, menor productividad y mayor siniestralidad. La OIT considera una jornada laboral "excesiva" la que supera las 48 horas semanales, y en datos de 2007 (antes de la aprobación de la nueva directiva europea), países como Perú, Corea, India, Thailandia o Pakistán -con muchas horas de trabajo- reflejaban altos índices de incidentes laborales, mientras que en otros más desarrollados y con jornadas más reducidas la tendencia era la contraria.

La UE superaría en más de un 35% lo que la OIT considera una jornada "excesiva"
Según estos datos, los países donde más horas se trabajaba hasta ahora son los que están en vías de desarrollo, donde las políticas para reducir la jornada laboral no han tenido éxito por motivos como la necesidad de trabajar más para para llegar a fin de mes.

Con la directiva recientemente aprobada, la Unión Europea no sólo supera en más de un 35% lo que se considera una jornada "excesiva", sino que marca un cambio de tendencia inspirado en el modelo estadounidense y británico que podría situar a muchos países desarrollados en cifras laborales similares a las de países en vías de desarrollo.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Carta-Manifiesto de 'Il Foglio' al secretario general de las Naciones Unidas

Este es el texto en español de la carta de 'Il Foglio' al secretario general de la ONU ya firmada por destacadas personalidades internacionales.

A Vuestra Excelencia Sr. Ban Ki-Moon Secretario General de las Naciones Unidas

A Vuestras Excelencias Presidentes de Gobierno y Jefes de Estado de las Naciones Unidas

En estos últimos sesenta años se han tomado muchas medidas y no se han escatimado esfuerzos para crear y sostener los instrumentos jurídicos en materia de protección de los ideales contemplados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos aprobada el 10 de diciembre de 1948 en Paris. En las últimas tres décadas se llevaron a cabo más de mil millones de abortos, termino medio unos cinquenta millones de abortos por año.

Del último informe de United Nations Population Fund (Fondo de Población de las Naciones Unidas) se desprende que en China el aborto, fomentado o coactivo, es un riesgo que corren decenas de millones de niños que están por nacer en aras de una planificación familiar y demográfica gubernamental. En la India, en veinte años, por selección sexista se le quitó la vida a millones de niñas antes de nacer. En Asia el equilibrio demográfico peligra debido al infanticidio masivo de magnitud epocal. En Corea del Norte con el aborto selectivo se intenta eliminar radicalmente toda forma de discapacidad. En Occidente, el aborto también se ha vuelto en el instrumento de una nueva eugenesia que viola los derechos del feto y la igualdad entre los hombres. El diagnóstico prenatal ya no cumple su función de preparación para acoger y cuidar al bebé sino que es más bien un criterio para mejorar la raza, destruyendo de esta forma los ideales universales en los que se basa la Declaración Universal de 1948.

Sometemos a Vuestra consideración una petición de moratoria de las políticas públicas que fomentan formas de sumisión injustificada y selectiva del ser humano durante su desarrollo en el vientre de la madre mediante el ejercicio arbitrario de un poder de aniquilamiento, violando el derecho a nacer y a la maternidad. El artículo 3 de la Declaración Universal contempla que "Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.

"Hacemos un llamamiento a los representantes de los gobiernos nacionales para que expresen su opinión a favor de un emendamiento significativo del texto de la Declaración: después de la primera coma, insertar "desde la concepción hasta la muerte natural". La Declaración universal, de hecho, se refiere a los derechos humanos "iguales e inalienables" y proclama solemnemente que los seres humanos tienen la "dignidad intrínseca de todos los miembros de la familia humana" (Preambulo). La ciencia, con algunos de sus descubrimientos más significativos en el ámbito genético posteriores a la Declaración, documenta de forma irrefutable la existencia de un patrimonio genético humano en el embrión, un patrimonio único e irrepetible, a partir de su primera etapa de desarrollo. La Comisión británica Warnock, establece, en 1984, que a partir del décimo cuarto día de la concepción el embrión es un ser humano con derecho a no ser manipulado experimentalmente. Los gobiernos deben preservar y proteger estos derechos naturales que abarcan también el derecho a un "patrimonio genético que no esté manipulado".

La Declaración de 1948 fue la respuesta del mundo libre y del derecho internacional a los crímenes contra la humanidad procesados tres años antes en Nuremberg. Como reacción a las prácticas eugenésicas de los médicos nazis, en 1948, la World Medical Association adoptó la Declaración de Ginebra en la que se afirma: "Respetaré la vida humana desde su comienzo". El artículo 6 del International Covenant on Civil and Political Rights (Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos) aprobado por las Naciones Unidas en 1966, establece que "El derecho a la vida es inherente a la persona humana". El aborto selectivo y la manipulación selectiva in vitro son la forma principal de discriminación entre los seres humanos por razones eugenésicas, raciales o sexuales. Es la misma persona humana que las Naciones Unidas amparan en el artículo 6 de su carta de los derechos.

A los sesenta años de la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos es necesario renovar nuestra fuente principal de inspiración humanitaria enmendando el artículo 3.

Hacemos un llamamiento a los gobiernos para que respeten escrupulosamente los derechos humanos y, el primero de estos derechos es el derecho inviolable a la vida.

Con toda consideración

René Girard, antropólogo, miembro de la Academia FrancesaLord David Alton, miembro de la Cámara de los LoresRoger Scruton, filósofo inglés en el Bircbeck CollegeJohn Haldane, profesor de filosofía en la St. Andrews UniversityGeorge Weigel, teologo y biografo de Karol Wojtyla y Joseph RatzingerRobert Spaemann, profesor emérito de Filosofia en la Universidad de MúnichSor Nirmala Joshi, Superiora de las Misioneras de Madre Teresa de CalcutaPaolo Carozza, miembro de la Comisión Interamericana de Derechos HumanosJosephine Quintavalle, directora del Comment on Reproductive EthicsPaola Bonzi, Centro de ayuda a la vida en la clínica Mangiagalli de MilánPierre Mertens, presidente de la Federación internacional de la Espina BífidaJean-Marie Le Mené, presidente de la Fundación Jérôme LejeuneAlan Craig, presidente de la Christian Peoples Alliance inglésRichard John Neuhaus, teologo y director de First ThingsCarlo Casini, presidente del Movimiento por la Vida italianoLucetta Scaraffia, docente de historia en la Universidad La Sapienza de RomaBobby Schindler, hermano de Terri Schiavo

sábado, 1 de marzo de 2008

LA TEMPERATURA MEDIA DEL PLANETA NO SUBE DESDE 2002

La Tierra se enfría hasta 0,75 grados en 2007

Los pronósticos del IPCC sobre el cambio climático no son válidos en un 80 por ciento
El año 2007 fue el más frío de la década, pese a las teorías del cambio climático
Un experto acusa al IPCC de falsificar los datos del nivel del mar

LD (M. Llamas) No se trata de una mera hipótesis. Los principales organismos internacionales en materia de medición de temperaturas coinciden en un resultado sorprendente: a lo largo del pasado año se registró una caída espectacular de la temperatura media global, de entre 0,65 y 0,75 grados centígrados. De hecho, el planeta no se calienta desde 2002.

Los principales centros de control de temperaturas a nivel mundial (Hadley, NASA's GISS, UAH y RSS) acaban de actualizar sus mediciones respecto a los registros de 2007. El resultado muestra que, de media, el planeta no sólo no se calentó, sino que se enfrió entre 0,65 y 0,75 grados centígrados durante el pasado año.


UK's Hadley Climate Research Unit Temperature anomaly (HadCRUT):


NASA Goddard Institute for Space Studies (GISS):



University of Alabama, Huntsville (UAH):

Remote Sensing Systems of Santa Rosa, (RSS):

Las gráficas también demuestran que el temible calentamiento global se ha frenado en seco desde el año 2002, pese a que la concentración de gases de efecto invernadero (GEI) ha seguido en aumento a lo largo de este periodo, tal y como recoge el blog Desde el Exilio.

De este modo, los datos contradicen, al menos durante este periodo, uno de los argumentos más difundidos por el Panel Intergubernamental de la ONU sobre cambio climático (IPCC) acerca de que el incremento de la temperatura media global se debe a la actividad humana (es decir, por causas antropogénicas).

Y es que, las emisiones de CO2 han crecido de forma drástica a lo largo de la última década sin, por ello, reflejarse de igual forma en la temperatura global. La eficacia de tal correlación ha sido la clave sobre la que se ha sustentado hasta el momento toda la teoría acerca del cambio climático, así como la base sobre la que se ha venido sustentando la necesidad de poner en marcha drásticos mecanismos para la reducción de emisiones, como el conocido, y no menos polémico, Protocolo de Kioto.

Dichos índices representan la amplitud de la anomalía térmica. Es decir, la diferencia entre la temperatura media global en el momento de las mediciones y la media global histórica.

El trópico se enfría

Por su parte, el climatólogo Antón Uriarte aporta otro dato que viene a confirmar esta tendencia: "Desde hace varios meses la franja tropical 20º Norte - 20º Sur , que abarca el 34,2 % de la superficie terrestre, está más fría de lo normal. En algunas partes del Pacífico la anomalía negativa supera los 3º grados centígrados. Al fenómeno se le denomina Niña".

Uriarte añade que "la zona tropical tiene mucha importancia en la configuración de lo que se llama la circulación general atmosférica. Allí el aire tiende a ascender, como en una especie de chimenea. El aire en altura tiende luego a trasladarse hacia los polos y pone en movimiento la circulación general de vientos. Tradicionalmente, se considera que está allí la locomotora del clima".

Por el contrario, otros científicos, aunque minoritarios, "le dan más importancia en el clima general del globo a los movimientos de las masas superficiales que atacan desde los Polos", añade.

Mientras, el Servicio Meteorológico británico anunció el pasado año que 2007 sería, sin duda, el año más caluroso desde 1659. La noticia fue ampliamente difundida por los medios de comunicación de todo el planeta. Los datos demuestran ahora el error de dicho cálculo.

Por su parte, el prestigioso investigador canadiense Steve McIntyre echó por tierra el pasado mes de septiembre otro mito sobre los registros climáticos del siglo XX. La corrección de un error informático por parte de la NASA estableció que 1934, y no 1998, fue al año más caluroso de EEUU a lo largo de los últimos cien años. De hecho, los nuevos datos de la NASA establece que tres de los cinco años más calurosos durante dicho periodo son anteriores a 1940.
LD.
http://www.libertaddigital.com/noticias/kw/al_gore/calentamiento/cambio_climatico/ipcc/kioto/temperaturas/kw/noticia_1276324606.html

viernes, 1 de febrero de 2008

Robin dice: Hola, soy Robin, y estoy aquí para responder a tus preguntas sobre salud sexual y alcohol.

Remedios Falaguera (España)

El Ministerio de Sanidad debería abandonar de una vez por todas su radical tendencia manipuladora y destructora en el "desarrollo físico, mental y moral" de la juventud española. Es más, dado que el apoyo ciudadano en las urnas así se lo exige, debería abandonar sus ansias de "corruptor de menores" y comportarse como el primer garante de la legislación, especialmente, de todo lo referente a la Protección del Menor.

La puesta en marcha de "Robin", el ciberconsejero, en páginas accesibles para la mayoría de jóvenes y adolescentes, como son Hotmail y Messenger, atenta directamente contra el art.5.3 de la Ley 1/1996, de 15 de enero, de Protección Jurídica del Menor, en el que se dice claramente:

"1. Los menores tienen derecho a buscar, recibir y utilizar la información adecuada a su desarrollo.

2. Los padres o tutores y los poderes públicos velarán porque la información que reciban los menores sea veraz, plural y respetuosa con los principios constitucionales.

3. Las Administraciones públicas incentivarán la producción y difusión de materiales informativos y otros destinados a los menores, que respeten los criterios enunciados". Además, "dirigir mensajes claros y directos a los más jóvenes, en su propio lenguaje, para aclarar sus dudas de forma más cercana y sencilla" es, sin lugar a dudas, otro paso más para defenestrar el derecho y la responsabilidad que tienen los padres en la educación sexual de sus hijos
"Robin" tiene como finalidad, muy loable por cierto, de prevenir enfermedades de transmisión sexual y el consumo de alcohol. Pero, nadie duda, que este nuevo experimento es otra señal de alarma de la educación sexual manipuladora y sectaria que pretende imponer Papá-Estado.Y lo que es todavía más grave. Las respuestas robotizadas y programadas de "Robin" atacan directamente el derecho que tienen los jóvenes a una educación sexual exclusiva, individual y progresiva según las necesidades afectivas, emocionales y sociales de cada uno de ellos.Puesto que un robot no puede NUNCA estar programado para conocer la bondad y la maldad de los actos humanos, "Robin" representa un atentado al respeto de los valores morales y éticos del usuario que lo utiliza. Además de que puedan "perjudicar seriamente el desarrollo físico, mental y moral de los menores".

Dejémonos de pamplinas y defendámonos de la educación sexual manipuladora, precoz y sectaria que pretende imponer este gobierno. Es intolerable.

No soy una experta en leyes pero, no hay que ser un lince para darse cuenta que, los contenidos, no digamos su intromisión en la intimidad de nuestros menores sin conocimiento de padres y tutores, hacen que muchos de nosotros nos estemos planteando seriamente acudir a los tribunales de justicia.

No nos faltan razones legales para denunciar al ministro Bernat Soria y sus secuaces por maltrato psicológico y/o emocional. Ya que , además de lo anteriormente expuesto, referente a la ley de Protección del Menor, el montaje y funcionamiento de "Robin" incumple , por lo menos, varios artículos del Código Penal .Concretamente los relativos a promover y difundir la prostitución y la corrupción de menores (art.185, 186,187)

Por ejemplo, el articulo 189.3 dice que ".el que haga participar a un menor o incapaz en un comportamiento de naturaleza sexual que perjudique la evolución o desarrollo de la personalidad de éste, será castigado con la pena de prisión de seis meses a un año o multa de seis a doce meses".

Queden con Dios.

http://www.periodismocatolico.com/content/view/500/38/



jueves, 10 de enero de 2008

El divorcio entre Zapatero y la plaza católica

Es difícil encontrar a alguien que no esté a favor de la familia, al menos de la propia. A los cientos de miles de ciudadanos que se reunieron en la plaza de Colón en Madrid el pasado día 30 les unía el deseo de defender la familia frente a leyes que la desnaturalizan. En su indignada respuesta, el partido socialista destaca las políticas sociales que el gobierno ha desarrollado en esta legislatura para favorecer la vida de las familias. Y ambos tienen su parte de razón. Lo que hay que ver es si bastan las ayudas materiales para que prospere la familia, cuando las leyes relativizan sus propiedades esenciales.

El gobierno recuerda que a lo largo de estos años ha establecido medidas para promover la natalidad, para conciliar la vida laboral y familiar, para favorecer a las familias de los jubilados con pensiones más bajas, para apoyar a las familias con personas dependientes, para que los hijos de familias con menos recursos dispongan de más becas... Y es verdad. Probablemente son estas las leyes que han contado con más respaldo político en esta legislatura, también a veces de la oposición. No ha habido apenas críticas contra ellas. Tampoco de la Iglesia.

Lo que se le reprocha al gobierno es la incoherencia en su política familiar, pues no pocas veces los cambios en el derecho de familia tienen unos costes sociales que después se intenta paliar con prestaciones económicas.

Se crea el subsidio de 2.500 euros por nacimiento de un hijo, mientras que una aplicación laxa y fraudulenta de la ley del aborto hace que uno de cada seis embarazos en España no llegue a término, lo que no favorece ni el respeto a la vida ni la natalidad.

El divorcio exprés permite divorciarse a los tres meses del matrimonio sin separación previa, incluso por imposición unilateral de uno de los cónyuges, lo que se ha traducido en un aumento del 74% en el número de divorcios en un año. Son bien conocidos los efectos de esta inestabilidad familiar, que a menudo tiene secuelas de precariedad económica de las familias a cargo de un solo cónyuge, problemas psicológicos y de fracaso escolar de los hijos, y dificultades para el pago de las pensiones. Pero a la vez el gobierno predica la necesidad de la conciliación de vida laboral y familiar, para que ambos padres atiendan a los hijos; lamenta que tantos padres hayan abdicado de sus responsabilidades educativas y explica buena parte del fracaso escolar por las carencias de las “familias desestructuradas”.

De una parte, aprueba una ley que puede suponer una importante ayuda a los familiares que tienen a su cargo personas discapacitadas dependientes; de otra, la filosofía y la práctica que inspira el divorcio fácil es que no hay compromiso permanente, por lo que cabe preguntarse si en el futuro muchos mayores dependientes van a encontrar familiares que se ocupen de ellos.
Por un lado, se aprueba una ley para favorecer una presencia equilibrada de ambos sexos en la vida pública y profesional, con la idea de que así se integra mejor los enfoques masculino y femenino al abordar los problemas; en cambio, ya no hace falta que un niño tenga padre y madre, pues puede ser fruto de la inseminación artificial de la mujer sola o ser adoptado por una pareja del mismo sexo, lo que se supone que no implica ninguna carencia en su educación.

Extremismo legislativo

En fin, no cabe olvidar que este gobierno, que califica de fundamentalistas y ultraconservadores a los críticos, y se presenta como símbolo de la moderación, empezó su andadura con una actitud realmente extremista en el derecho de familia. Entre las diversas posibilidades de regular las uniones homosexuales, optó por abrirles el camino del matrimonio, solución que solo había sido adoptada por escasos países (Holanda, Bélgica y Canadá).

En la reforma de la ley del divorcio, el gobierno hizo caso omiso del dictamen del Consejo de Estado, que no es ninguna dependencia de la Conferencia Episcopal, y que advirtió que ese modelo de divorcio “no es lo que rige en nuestro entorno jurídico y cultural”. El divorcio unilateral sin causa, decía el dictamen, “es realmente excepcional, y aceptado, siempre con plazos, en dos países nórdicos (Finlandia y Suecia), más alejados de nuestra tradición jurídica”.
Vistos los resultados, no parece exagerado el cardenal Rouco cuando señala la formación de un clima cultural y social que “relativiza radicalmente la idea misma del matrimonio y de la familia”, y que fomenta un tipo de relaciones entre varón y mujer “opuestas al valor del amor indisoluble y al respeto incondicional a la vida desde el momento de la concepción a la muerte natural, realidad social posibilitada y favorecida jurídicamente por las leyes vigentes”.

Voces de la sociedad civil

El gobierno lanza una cortina de humo cuando presenta la postura de los críticos como si pretendieran la imposición de una convicción religiosa, mientras que la del gobierno estaría abierta a todas las ideologías. En realidad, la aprobación de una ley supone siempre el espaldarazo a un tipo de convicciones frente a las contrarias. Y el que una ley se apruebe por mayoría parlamentaria no la hace inmune a las críticas, no solo de la oposición política, sino también de la sociedad civil. Y una de las voces más representativas de esa sociedad civil es la de la Iglesia católica.

Pero el PSOE está todavía anclado en una idea de la laicidad que le lleva a denunciar como injerencia política cualquier pronunciamiento de la Iglesia católica sobre leyes civiles. Políticos más modernos, como el presidente francés Nicolas Sarkozy, demuestran una idea mucho más abierta de lo que califican como “laicidad positiva”.

En su reciente y comentado discurso en Roma, Sarkozy ha reconocido que “la República tiene interés en que exista también una reflexión moral inspirada en convicciones religiosas”. “En la República laica –siguió diciendo–, un político como yo no decide en función de consideraciones religiosas. Pero importa que su reflexión y su conciencia sean iluminadas especialmente por consejos y reflexiones libres de las contingencias inmediatas. Todas las inteligencias, todas las espiritualidades que existen en nuestro país deben tomar parte en ello” (cfr. Aceprensa en Internet, 24-12-2007).

A dos meses de las elecciones es difícil que el gobierno valore las críticas al margen de las contingencias políticas inmediatas. Resulta más sencillo decir que los obispos hacen política. Es cierto que esa reflexión moral inspirada en convicciones religiosas tiene más posibilidades de ser acogida si se hace con palabras y gestos que no se vean como una bofetada moral. Pero, en cualquier caso, el gobierno no tiene un problema con unos obispos, sino con esa multitud de ciudadanos que, en un ejercicio de participación democrática, manifiestan su opinión sobre unas leyes del gobierno.

sábado, 10 de noviembre de 2007

La neutralidad engañosa

Toda sociedad necesita establecer un mínimo ético, deslindando la frontera entre moral y derecho. El problema surge a la hora de obtener los criterios para resolver si un determinado problema, por su relevancia pública, debe ser regulado por el derecho. Hoy día a menudo se intentan imponer sin debate soluciones ideológicas que se presentan como neutrales. Andrés Ollero, catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Rey Juan Carlos (Madrid), aborda este problema en una conferencia pronunciada en un reciente simposio sobre la objeción de conciencia. Ofrecemos un extracto.

No cabe imponer las propias convicciones a los demás. Tan tajante afirmación, a más de drástica, suena a perogrullada. ¿Qué es eso de pretender que todos piensen como nosotros? Analizado desde otro ángulo, más jurídico, quizá cambie el panorama. Si fuera imaginable una sociedad en la que cada cual pudiera comportarse con arreglo a su leal saber y entender, ¿sería necesario el derecho? (...)

El derecho existe precisamente para que algunos ciudadanos se comporten de determinado modo, pese a su escaso convencimiento al respecto. A quien está convencido de que la defensa de sus heroicos ideales políticos justifica generar muertes, de modo indiscriminado o selectivo, se le procurará convencer sobradamente de lo contrario con las penas oportunas. (...)

La democracia no es relativista

Ello es perfectamente compatible con el reconocimiento del pluralismo como “valor superior del ordenamiento jurídico (artículo 1.1 de la Constitución Española) (...) El derecho se presenta siempre como un mínimo ético, lo que excluye de entrada que los demás deban compartir nuestros más preciados maximalismos. Pero incluso ese mínimo ético deberá determinarse a través de procedimientos que no conviertan al ciudadano en mero destinatario pasivo de mandatos heterónomos. La creación de derecho deberá estar siempre alimentada por la existencia de una opinión pública libre, lo que convierte a determinadas libertades (información y expresión) en algo más que derechos fundamentales individuales: serán también garantías institucionales del sistema político.

Todo ello no implica relativismo alguno. La democracia no deriva del convencimiento de que nada es verdad ni mentira; que, para algunos, sí cabría imponer a los demás. La democracia se presenta como la fórmula de gobierno más verdaderamente adecuada a la dignidad humana y, en consecuencia, recurrirá al derecho para mantener a raya los comportamientos de quienes no se muestren demasiado convencidos de ello. La democracia no deriva siquiera de la constatación de que el acceso a la verdad resulta, sobre todo en cuestiones históricas y contingentes, notablemente problemático; se apoya, una vez más, en una gran verdad: la dignidad humana excluye que pueda prescindirse de la libre participación del ciudadano en tan relevante búsqueda.

(...) Cuando se identifica democracia con relativismo, se verá un enemigo en cualquiera que insinúe, siquiera remotamente, que algo pueda ser más verdad que su contrario. Lo más cómico del asunto es que –desafiando el principio de no contradicción– se convertirá así al relativismo en un valor absoluto sustraído a toda crítica. (...)

La religión, tabaco del pueblo

Para quienes muestran esta curiosa dificultad para hacer compatible democracia y verdad, el problema se agudiza cuando las verdades propuestas dejan entrever parentescos con las confesiones religiosas socialmente mayoritarias. Al debate sobre el relativismo se une ahora el principio de laicidad, que exige respeto a la autonomía de las instituciones temporales. Estado y confesiones conciernen al mismo ciudadano, pero tienen ámbitos de acción propios que deben verse beneficiados por una razonable cooperación entre poderes públicos y confesiones.

No ocurre así cuando la presencia de lo religioso en la vida social no se acoge con la misma naturalidad que la de lo ideológico, lo cultural o lo deportivo, sino que se le atribuye una dimensión de perturbadora crispación que lo haría sólo problemáticamente tolerable. Surge así el laicismo, con sus imperativos de drástica separación entre poderes públicos e instituciones eclesiales.

Quien se cierra a una visión trascendente de la existencia tiende a reducir a política, y a evaluar en términos de poder, todo el dinamismo social. La lógica autoridad moral que los ciudadanos tienden a reconocer a las confesiones religiosas se percibe como la pretensión de ejercer una potestad intrusa, no rubricada por los votos. El único modo de extirparla sería una forzada privatización de toda vivencia religiosa, que niega legitimidad a su presencia pública. Procedería pues enmudecer por perturbador a cualquier magisterio confesional, por permitirse ilustrar a sus fieles sobre cómo afrontar determinadas situaciones o problemas sociales.

Por supuesto, visto con ojos medianamente liberales la situación sería bien distinta. Para Rawls, por ejemplo, “en una sociedad democrática, el poder no público”, como el “ejercido por la autoridad de la iglesia sobre sus feligreses, es aceptado libremente”; “pues, dadas la libertad de culto y la libertad de pensamiento, no puede decirse sino que nos imponemos esas doctrinas a nosotros mismos”. Cuando algo tan elemental se olvida, la libertad religiosa desaparece en la práctica como derecho fundamental, para verse reducida a actividad privadamente tolerada. Se ha superado la vieja idea de que la religión sea el opio del pueblo, lo que obligaba a perseguirla; se pasa, en heroico progreso, a tolerarla como tabaco del pueblo: fume usted poco, sin molestar y, desde luego, fuera de los centros de trabajo...

Una extraña pareja

Laicismo y relativismo acaban componiendo una extraña pareja, porque los drásticos planteamientos del primero cobran un carácter absoluto difícilmente superable; pero el enemigo común une mucho. El relativismo rechaza toda justicia objetiva y el laicismo a quien se le ocurra predicarla. En otros tiempos se impuso más de una vez una teoría de los derechos de la verdad, que animaba de modo poco tolerante a negarlos a los equivocados.

Ahora se patenta una contrateoría simétrica: todo aquel que sugiera que hay soluciones objetivamente más verdaderas que otras, será tratado como autoritario; por muy abierta que sea su actitud subjetiva en la búsqueda y realización práctica de esa verdad.

Este maridaje acaba confundiendo el plano de la realidad (existen o no elementos objetivos) con el de su conocimiento (cabe conocerlos racionalmente, con más o menos dificultad). El pluralismo asume la dificultad del acceso a la verdad y, en consecuencia, da por hecho que caben caminos diversos para acercarse a ella y tiende a considerar provisional lo logrado. Con esta actitud está dando por supuesto, como hace también la ciencia, que existe una realidad objetiva que tiene sentido buscar; de lo contrario, sobrarían todos los caminos imaginables y tendríamos un definitivo mentís relativista al problema planteado.

Acuerdo fronterizo: público-privado

La frecuente vinculación de lo moral con lo religioso agudizará la dificultad del ya estudiado deslinde entre lo jurídico y moral; sobre todo en países donde la tensión entre clericalismo y laicismo no ha llegado a encontrar históricamente una respuesta equilibrada. Se tenderá a confinar lo religioso, incluidas sus propuestas morales, en el ámbito de lo privado; mientras, se reserva a lo jurídico un ámbito público concienzudamente depurado de su posible influencia.

Esta adjudicación, un tanto simplista, de la perspectiva moral al ámbito de lo privado y la jurídica al de lo público deja sin resolver el problema decisivo: cómo podemos trazar la frontera entre uno y otro; de dónde obtendremos los criterios para resolver si determinado problema, por su relevancia pública, ha de ser regulado por el derecho, o si cabe privatizarlo dejándolo al albur de los criterios morales de cada cual. (...)

El problema surge porque sólo partiendo de un determinado concepto del hombre, y de la inevitable traducción de éste en un código moral, cabrá deslindar qué exhortaciones morales merecen apoyo jurídico y cuáles cabría confiar a la benevolencia del personal; así como dictaminar que determinado problema reviste tal relevancia pública que el derecho no podrá ignorarlo, privatizándolo imprudentemente.

A la hora de abordar esta cuestión clave no cabe otra solución que determinar el ámbito de lo jurídicamente relevante, teniendo como referencia –de modo más o menos consciente– los perfiles de la justicia objetiva. Como los planteamientos antropológicos y morales que sirven de punto de partida no serán unánimes, siempre habrá quien no vea reflejado en el ordenamiento jurídico su propuesta de deslinde. Teniendo en cuenta las convicciones de todos, al final –se quiera o no– habrá que imponer a más de uno aspectos que personalmente no hace suyos.

Todos tienen convicciones

Tener en cuenta las convicciones de todos, equivale por otra parte a reconocer que todos tienen convicciones. El laicismo tiende a estigmatizar como tales sólo la de los creyentes, como si los demás tuvieran el cerebro vacío. Desde esta perspectiva se consolida una concepción discriminatoria del término convicciones, vinculándolo de modo exclusivo a aquellos juicios morales emparentados con posturas defendidas por determinadas confesiones religiosas.

Situados de nuevo ante la necesidad ineludible de trazar la línea entre lo jurídicamente exigible y lo moralmente admisible, el laicismo opta por tomar partido disfrazado de árbitro. Atribuirá de modo gratuito patente de neutralidad a sus parciales propuestas de no contaminación. Conseguirá así, con particular eficacia, imponer sus convicciones por el simpático procedimiento de no confesarlas; no porque se lo pueda considerar poco convencido, sino sólo por haberlas formulado desde presupuestos filosóficos o morales no abiertamente similares a los de una confesión religiosa. Se produce así una caprichosa atribución de neutralidad moral a propuestas harto discutibles; como si la frontera entre la fe y la increencia marcara a la vez otra entre la valoración o la inocuidad del juicio.

Característica de esta implícita discriminación, atentatoria a la libertad religiosa, es la propuesta de que el derecho se inhiba, optando por mostrarse neutral ante problemas particularmente polémicos. (...)

Obviar la polémica, presentando con aire neutral conductas que antes se habían visto rechazadas a golpe de juicio de valor, sería el modo más eficaz de contribuir al progreso y de vencer al oscurantismo. En realidad, lo que se está haciendo es sustituir un anterior juicio de valor, sometido a debate, por otro que, disfrazado de neutral, podrá ahorrarse toda argumentación. Parece obvio que al discutirse si los poderes públicos deben sancionar penalmente una conducta o dejar que cada cual haga de su capa un sayo, optar por lo segundo no demuestra neutralidad alguna; supone suscribir sin más la segunda alternativa. No parece exigir demasiado que, quien lo haga, haya de molestarse en argumentarlo.

La causa última del problema acaba quedando en evidencia: las ideologías de querencia totalitaria se muestran incapaces de soportar una convivencia entre autoridad moral y potestad política. Lo reducen todo a política, con lo que de camino atribuyen a ésta –como una expresión más de la soberanía– el derecho a imponer a todos los ciudadanos un código moral, que no siendo neutro neutraliza al vigente, invirtiendo así el juego democrático. (...)

Un mínimo ético nada neutral

Situados ante esta realidad, parece claro que sólo la existencia de un fundamento objetivo podría justificar que se llegue a privar de libertad a quien desobedezca normas no necesariamente coincidentes con sus convicciones. Similar presupuesto late bajo el principio de no discriminación, recogido en el artículo 14 de la Constitución Española: sólo la existencia de un fundamento objetivo y, en consecuencia, razonable justificará que pueda tratarse de modo desigual a dos ciudadanos. Lo de razonable rebosa de la inevitable ambivalencia de la razón práctica; se trataría de un fundamento racionalmente cognoscible, por una parte, y posibilitador de un ajustamiento de relaciones satisfactorio, por otra. Lo lógico y lo ético se acaban dando la mano en un planteamiento cognitivista.

No cabe solucionar el problema mediante el socorrido recurso al consenso. Descartado el posible juego de la razón práctica, el consenso no tendría ya nada que ver con verdad objetiva alguna, sino que pasaría a ser mera expresión de la superioridad cuantitativa de determinadas voluntades. Esa voluntad mayoritaria, falta de todo correlato objetivo, estaría en condiciones de imponer a las minorías una auténtica dictadura. Cuando, por ser la sociedad pluricultural, no cabe dar por supuesta voluntad unánime alguna, sería imposible salir de tal círculo vicioso.
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Andrés Ollero es catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Rey Juan Carlos (Madrid)

viernes, 9 de noviembre de 2007

Rajoy impone al PP un nuevo equipo que restará protagonismo a Zaplana y Acebes

El líder popular está dispuesto a hacer prevalecer su autoridad por encima de dirigentes y sectores para ganar las elecciones, lo que ha provocado un clima enrarecido en el partido

La elección de un escogido grupo de nuevos dirigentes como miembros del comité asesor del programa electoral del PP ha provocado una auténtica revolución interna en el seno de la dirección popular. Muchos en el partido ven en esta decisión la prueba definitiva de que Mariano Rajoy, en vísperas de las elecciones, está dispuesto a imponer su autoridad por encima de las presiones de dirigentes y sectores, sin temor ya a que la organización caiga en una crisis que intentó evitar durante todo el mandato. «Después del verano ha venido muy mandón», dice una de sus colaboradoras.

Los 16 miembros electos de este órgano de nueva creación fueron escogidos por el candidato a La Moncloa, que sólo ha tenido en cuenta para elaborar este listado las opiniones del coordinador del programa, Juan Costa. En sectores cercanos a Eduardo Zaplana y a Ángel Acebes cayó como una bomba la noticia y las presiones arreciaron sin que Rajoy cediera en su pretensión de ofrecer la cara de un 'nuevo PP' antes de que los ciudadanos se acerquen a las urnas, el próximo mes de marzo.

Zaplana sólo puede decir que colocó a la diputada por Valladolid, Ana Torme, porque Rajoy no le consintió que situara en el nuevo equipo a ningún parlamentario de la Comunidad Valenciana, como aseguran fuentes populares que intentó el ex presidente de la Generalitat.

Desde que se conoció su implicación en el pacto con los socialistas para presentar una candidatura alternativa a la oficial en la Caja del Mediterráneo, el líder del PP mantiene una distancia considerable con su portavoz parlamentario, que combina con una cercanía sin fisuras a su adversario político, el presidente de la Generalitat, Francisco Camps, quien cuenta con dos dirigentes de su confianza en el nuevo comité.

Mientras en la calle Génova afirman que Zaplana vive su momento de mayor debilidad, fuentes parlamentarias restan importancia al nuevo comité y afirman que el portavoz no está interesado en tener presencia en el nuevo órgano. De hecho, la presentación pública del comité se hizo sin él y sin el número dos del partido, Ángel Acebes.

El malestar se instaló también en la sede central de la organización porque los secretarios ejecutivos pusieron el grito en el cielo cuando conocieron la noticia de que sólo algunos miembros del comité de dirección -Soraya Sáez de Santamaría, entre ellos- tendrían cabida en el nuevo grupo de asesores para el programa. En la dirección, para nadie es un secreto que el secretario general influyó de manera decisiva y logró la incorporación de todos los secretarios, aunque no tengan nuevos trabajos asignados por Costa. «Es comprensible que se enfaden. Ellos llevan tres años trabajando en esto y preparando papeles», explica uno de los elegidos por Rajoy, pero de larga trayectoria en el aparato del partido.

Decisión autónoma

«La elección del nuevo equipo es una medida absolutamente autónoma de Rajoy y los nombres los mantuvo en secreto hasta al último momento para ahorrarse problemas», explican sus colaboradores, que llaman la atención sobre el hecho de que el líder del partido se esfuerce ahora por elogiar públicamente la labor realizada por Acebes y Zaplana, en compensación por el golpe recibido.

«A Ángel hay que cuidarlo mucho y darle mucho cariño», dice un veterano miembro del 'aparato', que trabaja mano a mano con el secretario general, pero que admite la llegada de nuevos tiempos a la organización. Es de los que ven al presidente del PP con unas dotes de mando que no había exhibido hasta ahora y convencido de que el éxito electoral puede estar al alcance de su mano si acierta en los pasos a dar.

Al nuevo rasgo del candidato 'mandón' atribuyen sus compañeros de partido la caída de Josep Piqué, la advertencia de que hará personalmente las listas electorales en función de su conveniencia, el movimiento de banquillo con las nuevas caras del comité asesor del programa y el enfoque que dará al documento electoral.

M. IGLESIAS-COLPISA