martes, 13 de marzo de 2007

Fuera máscaras

El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero muestra dos caras completamente distintas, irreconciliables la una con la otra. Toda la consideración, la ternura, la pusilanimidad que muestra ante la banda asesina ETA, toda su prestancia a cumplir sus objetivos, toda su genuflexión moral y política ante ellos se torna inflexibilidad, dureza a cara de perro y sectarismo hacia a las víctimas y frente a la oposición democrática. Zapatero cortó la mano tendida que le ofrecieron en su momento las víctimas del terrorismo, como lo ha hecho de forma repetida con los ofrecimientos reiterados de Mariano Rajoy para que Zapatero reconduzca su trayectoria radical y rupturista.

Por eso adquieren tanto significado las palabras, extraídas del discurso de este sábado, en las que hablaba de la necesidad de "recuperar el consenso"; pero, dado que "no es posible alcanzarlo con el Gobierno, yo quiero establecerlo con la gente, con los españoles". Rajoy quiere llegar a un acuerdo con la mayoría de los españoles que, desde diversas tendencias ideológicas, sencillamente se oponen a la deriva que está tomando el gabinete de Rodríguez Zapatero, en el poder.

Los socialistas saben de la fuerza que el movimiento cívico contra la rendición, y calculan el efecto electoral que puede tener. Pero en lugar de rectificar, huyen hacia delante y profundizan en su estrategia de deslegitimación del centro derecha a existir, a manifestarse en la calle o en cualquier medio, a presentarse a las elecciones, a participar en la democracia. Es el cordón sanitario, que se empezó a hilar con la misma llegada de Zapatero a la Moncloa, y que no ha hecho sino estrecharse desde entonces.

El País dio rienda suelta a su filosofía totalitaria, identificando el ejercicio de un derecho individual con el ataque a las instituciones. Ya sabemos qué clase de "instituciones" tiene El País en mente para España. Saramago, que dijo de la democracia "la debemos cuestionar a cada oportunidad", y sin perder esta que se le acaba de presentar, ha advertido al PP que "va a pagar muy caro" haber convocado la manifestación. Doscientas personas, acaso doscientas mil según la delegación del Gobierno, se han manifestado en Madrid exigiendo la ilegalización del PP. Reaparece, con burda manipulación, el fantasma de la ultraderecha. Estos días se le ha acusado nada menos que de dar un golpe de Estado.

Cuanto más cerca de la victoria señalen las encuestas y el resto de indicios a los populares, más vamos a contemplar el espectáculo de numerosos socialistas quitándose la máscara de demócratas y dejando ver sus más íntimas convicciones, según las cuales un partido de corte liberal conservador no es más que un estorbo. Sólo una reacción cívica y ciudadana como la que está en marcha podrá refrenar los planes más radicales de Rodríguez Zapatero.

Editorial. Libertad Digital

Orwell "desestructurado"

Una multitud se manifestó este sábado, día 10, para protestar contra la complicidad del Gobierno Zapatero con los criminales de la ETA. ¿Cuán multitudinaria fue esa multitud? Según el Partido Popular, convocante, fueron 2.500.000 personas; según la Comunidad de Madrid, 2.125.000; según la Delegación del Gobierno, 342.655. Ni 342.654 ni 342.656. Exactamente, 342.655 (el rigor aritmético de este organismo no tiene parangón en el mundo). Según cualquiera que haya asistido a la manifestación o visto sus imágenes, fueren los que fueren, atestaban todo el espacio entre la Puerta de Alcalá y la Plaza de Colón. Una barbaridad de gente.

Esta manifestación mostró, una vez más y más categóricamente que nunca, que son muchísimos los españoles a los que repugna el compadreo de la banda zapatética con la banda etarra. Pero no servirá, como era previsible, para que el Gobierno rectifique. No rectificará porque el despotismo es ajeno a razones y la abyección, insensible a la decencia. "Sólo las urnas podrán ya obligar a rectificar a Zapatero", titula su editorial El Mundo. Un oxímoron: Zapatero no rectificará nunca, por tanto el compadreo con la ETA sólo cesará si las urnas lo expulsan del Gobierno.

Los burócratas zapatéticos se han apresurado a confirmarlo. Como el despotismo que nos azota está menos racionalizado que los históricos soviético o nacionalsocialista y que los literario Un mundo feliz o 1984, la "verdad oficial" no es una mentira única, sino una "desestructurada" colección de mentiras. Depende de la exigencia del momento, la "realidad nacional" en que se formule, el gusto del portavoz, etc. Desgracia adicional porque a una "verdad oficial" se puede oponer la verdad, pero cuando la mentira es hidra de cien cabezas la verdad se fatiga en inacabable combate.

López Garrido ha sido el primero en reaccionar. Según él, la convocatoria tuvo poco éxito, a pesar de que según las cifras de la Delegación de su propio Gobierno ha sido la más numerosa de todas las celebradas desde que su cuate Zapatero llegase, infaustamente, al poder. El Partido Popular esperaba mucha más gente (¿cómo sabe él cuánta gente esperaba el PP?).

La "verdad" de Pepiño Blanco es más original. A Rajoy le parecen muchos los manifestantes, pero son "sólo la mitad de los que han muerto en Irak". Aunque fuese verdad, ¿qué tendrá que ver una cosa con otra? Tomemos, a efectos retóricos, por buena la cifra oficial: la opinión de 342.655 personas carecería de relevancia porque en la guerra de Irak habrían muerto el doble. Con la misma lógica, la significación del genocidio camboyano, del "holocausto" nacional-socialista o de los genocidios estalinistas, o de los votos que llevaron a Zapatero al poder, derivaría de su comparación con el número de muertos provocado por una guerra precedente. Se comprende, así, la simpatía de la banda zapatética por De Juana: el pobre ha matado (y eso a lo largo de varios años) menos que cualquier terrorista iraquí en un solo día. Ni Goebbels habría osado tamaña impudicia.

La "verdad" oficial del Fiscal General también tiene su intríngulis: ya apenas quedan víctimas, ha dicho. ¿Serán las tres que aun no se han enfriado del todo? Pero, ¿qué ha sido de las otras? ¿Hasta Pilar Manjón ha desaparecido? ¿Qué instancia las ha suprimido? Ordene usted, buen hombre, una investigación urgente. Y comuníquelo a los Reyes, evitándoles el ridículo de asistir a actos por víctimas inexistentes. La vicepresidenta, entre modelito y modelito, entre sarao y sarao con las damas de la alta sociedad africana, también ha emitido su "verdad", no menos mendaz que las anteriores. Todo miembro cualificado de la banda ha echado su cuarto a espadas.

Pero lo peor está por venir. El jefe Zapatero quiere imprimirle amor a la cosa. Sólo nos faltaba un Ministerio del Amor. Echémonos a temblar: lean o relean 1984 (como para preocuparse por el calentamiento del planeta)

.José Vilas Nogueira es profesor emérito de la Universidad de Santiago de Compostela

lunes, 12 de marzo de 2007

El Irak de Zapatero

Irak ha sido una bendición del cielo para Zapatero, todo un record como vaca proveedora de toda suerte de leches políticas, pero en un mundo finito, y en otro él no parece creer, contamos con que todo se acabe. Con o sin su estímulo, sus admiradores y partidarios deben pensar que no ha llegado todavía el momento y han decidido probar una vez más a ver si la ubérrima ubre del conflicto iraquí mana todavía algún nutriente izquierdista y convocan a los suyos para tapar la malhadada excarcelación del etarra (¿no podía Otegi haber pedido el valle de Arán, que lleva un nombre tan vasco como el del fundador Arana?) a costa de abandonar a los pobres iraquíes que son asesinados a mansalva, no como las víctimas de De Juana, que nunca pasaron de doce de una vez.

Lo de abandonar no es más que un decir, porque jamás se preocuparon por ellos sino por quienes los sacrifican cual corderillos en pascua islámica. Optaron siempre, y ahora lo ratifican, por los matarifes a quienes siempre han exaltado como a heroicos resistentes que luchan contra los invasores que vienen a robarles las arenas del desierto, porque lo del petróleo cuesta cada vez más venderlo, gasolineras aparte, y ya sólo se lo creen los que lo creen todo, como eso de que después del atentado de la T-4, perdón, accidente, el gran jefe cortaba con ETA o como eso otro de que el retorno al dulce hogar y patria querida del famélico huelguista es un acto humanitario. Igual cuando se recupere dice que a año por muerte no le importa otros dos más de Chirona pero que le va otro par de actuaciones patrióticas.

Así que manifestación por la paz en Irak, que no consiste en acabar con los que guerrean contra civiles desarmados sino en facilitarles el camino de la victoria. No deja de estar mal visto. También de ese modo se puede conseguir la paz. Y vuelta a empezar. Los que hacen la convocatoria en Sevilla se han dejado arrastrar por el arrebato y piden la retirada de todo lo retirable también de Afganistán, Palestina, Líbano y, por si acaso, dejan en suspensión tres puntos bien marcados.

Luego vuelven a la carga. "Ninguna acción militar contra Irán", que un caprichito nuclear para los ayatolas no va a ninguna parte, y menos, a lo que parece, contra los principios y sensibilidades del pacifismo integral. Al fin y al cabo los misiles islámicos ya casi nos alcanzan y no conviene contrariarlos, que Ahmadinejad es uno de los pocos amigos que le quedan a Zapatero por ahí afuera. Redondean su desiderata los seráficos sevillanos con la disolución de la OTAN. La moderación salta a la vista, no piden la de los ejércitos.

Zapatero no promete su comparecencia. Si la cosa no enardece los ánimos de los corazones izquierdistas espera que su oculta mano se salve de la quema, como se salvó, y de qué modo, cuando prometió que retiraría las tropas de Irak si llegaba al poder. Si sabía que nuestra presencia nos ponía en peligro alguien podía interpretar la promesa como una petición de ayuda. Luego, claro está, no lo sabía, porque de haberlo sabido no la hubiera hecho. De sabios es equivocarse.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

La irrupción de la libertad

Don Quijote volvió a salir a la calle el sábado e inspiró a Rajoy su pensamiento más certero: "Somos una voluntad en marcha." Pase lo que pase seguiremos como el junco en la ribera. No nos moverán. No nos expulsarán del espacio común de todos los españoles: España. Sin embargo, el Gobierno de Zapatero volverá a despreciar a millones de ciudadanos porque exigen libertad e igualdad para todos los españoles. Sí, volverá hacerlo, primero, porque no tiene otro objetivo que no sea enfrentar a los ciudadanos para desmembrar España; segundo, porque su "política de exclusión" y marginación de media España, siempre acompañada de imágenes tan arbitrarias como unitarias de la sociedad, así se lo exige.

El Gobierno seguirá, pues, mintiendo sobre el único proceso democrático existente hoy en España: la lucha por el reconocimiento de que todos los españoles sean libres e iguales ante la ley, que iniciado el 22 de enero de 2005, la primera gran cita de los españoles en el espacio público para que De Juana Chaos no fuera excarcelado, tuvo en el acontecimiento del sábado una de sus máximas representaciones. Mentirá, sí, pero no podrá parar esta rebelión cívica, esta revolución democrática, para que España siga siendo España. Es una lucha quijotesca, desde abajo, desde la sociedad civil más desarrollada representada por las asociaciones de víctimas del terrorismo, que ha ido ascendiendo hasta las elites políticas del PP sin que ya nadie pueda detenerla. Rajoy no es todavía un gran hombre de Estado, pero el sábado dio el primer gran paso para serlo, porque recogió con precisión, inteligencia y sentimiento el grito quijotesco de los españoles: queremos ser libres. Nadie nos excluirá del suelo de la libertad: España.

Don Quijote, el pueblo español, ha irrumpido, ha entrado festiva e intempestivamente en el mundo cerrado y excluyente de Zapatero y los suyos movido por un sentimiento de libertad, de rebelión, que ya nadie puede parar. Por lo tanto, más que aprendido y pensado, Rajoy ha hecho suyo el discurso quijotesco, la filosofía más grande de España, el pensamiento de un loco genial, y repitió en la plaza de Colón: "Somos una voluntad en marcha". En realidad, las palabras de Rajoy son el eco político de las de Don Quijote a Sancho: "La libertad es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos." Contra ese don, casi un asunto divino, no podrán las mentiras, los engaños, los dosieres, las calumnias y los enjuagues "políticos" del gobierno de Zapatero con los terroristas. Los socialistas volverán a negar la libertad de los españoles, pero éstos no cesarán de luchar por su reconocimiento, porque quien ha disfrutado de la libertad no está dispuesto a perderla.

La lucha continuará, obvio, y será cada vez más dura. He ahí el otro gran mensaje de quienes estuvieron presencial o espiritualmente el sábado en Madrid: la libertad es conquista y supuesto, lucha y disfrute, acción y pensamiento. La manifestación del sábado es una escuela de aprendizaje democrático que nos trae siempre más y mejor libertad. Posiblemente, el Gobierno mañana mirará para otro lado, pero el mundo entero ya lo está juzgando por ser el más antidemocrático, sectario y excluyente de los gobiernos de Europa. La manifestación del sábado es un parte-agua en la política española, y quizá también en la europea, porque nadie en Europa conoce tales movilizaciones democráticas.

Esperemos que, por fin, el PP se crea que representa uno de los partidos más importantes de la sociedad europea. Sí, pocas, quizá ninguna, formaciones políticas en Europa serían capaces de organizar un acontecimiento político de la importancia del vivido el sábado en Madrid. Los periodistas extranjeros y los observadores imparciales asistente estaban entusiasmados ante el espectáculo democrático de miles de personas exigiendo no derechos, sino algo más importante: el derecho a tener derecho de no ser excluido de su suelo común, de su nación, de su patria.

Agapito Maestre. Libertad Digital

domingo, 11 de marzo de 2007

Castellana Matata

España es la nación más rica del mundo. Y si alguien lo duda, que repase nuestra historia remota o, meramente, lea los periódicos. El gusto por el despilfarro, con los dineros de la olla grande, claro, viene de la noche de los tiempos. Ojeen un poco los Avisos de Barrionuevo (el Bueno), en pleno siglo XVII, y verán lo que eran fastos y boatos en un país que ya no estaba para alegrías del bolsillo. El hombre lo denunciaba a su aire apuntando directo al Philipo que como rey le tocó en suerte, mas sin mucho éxito, por circunstancias bien conocidas.

No haremos una relación de los derroches hispanos, aunque resultaría sabrosa. Sólo recordaremos que en épocas mucho más recientes un alto dignatario norteamericano comentó, tras visitar el Valle de los Caídos, que su país no era tan opulento como para financiar una obra de tal porte. Al margen de la ironía o la notable exageración del yanqui en todos los sentidos (de hecho, en Estados Unidos sí hay monumentos que se pretendieron grandiosos y se quedaron en caros) y del alcance político de nuestro Valle, o de su valor estético (que lo tiene, pese a quien pese), podemos convenir en que la construcción de Cuelgamuros costó unos cuartos en tiempo de apreturas, como poco.

Hace dos noches, por los salones de un hotel de gran lujo de la Castellana pululaba un nutrido grupo de personas de raza negra: ellas, con sus coloristas uniformes de africanas oficiales que tanto popularizó nuestra anciana vicepresidenta remedando La Rosa del Azafrán, ellos de acompañantes de obligado cumplimiento con sus vaporosos y holgados ropajes tan poco aptos para salir de ronda en la gélida noche madrileña. Tampoco faltaban varias niñas igualmente ataviadas con faldomentos y turbantes variopintos y chillones, muy útiles para pasar frío. Pero eso... ¿qué quieren que les diga? Con sus temblores se lo coman.
S
in embargo, me llamó la atención, más que lo inadecuado de la vestimenta por folklórica que parezca, la eficaz manera con que aquellas personas, en tropilla clánica o familiar (la familia que viaja unida, permanece unida) echaban su cuarto a espadas para combatir la pobreza, la marginación y –si me apuran– hasta el racismo que los africanos (y africanas) soportan por culpa de las infames potencias coloniales. Los egregios visitantes –y visitantas, apostillaría Dixie– demostraban de pragmático modo que la solidaridad bien entendida comienza por uno mismo. Me pregunté con malicia que de casta aldeana viene, quién pagaría la cuenta del hotel y los pasajes del llamativo grupo: las señoras, los maromos no menos solidarios y las churumbelas, desde luego, no. Y la pregunta, en realidad, se quedó corta ante la duda que, de seguida, me asaltó: cuántas de ellas, niñas incluidas, estarían (estarán) adecuadamente mutiladas, como exige el ineludible respeto multiculti que todo progre de bien ha de profesar cuando cursa una invitación.

Al día siguiente, 7 de marzo, comprendí que el asunto era mucho más crudo de cuanto mis observaciones folklóricas podían vislumbrar: el siete y ocho de los corrientes se celebraba en Madrid, con la Reina y la venerable María Teresa presentes, el "II Encuentro España-Africa, Mujeres por un Mundo Mejor", impulsado por España y Mozambique con el fin de hacer realidad "el ideal de romper los espacios de discriminación en los que viven millones de mujeres en el mundo". Aclaro –para descargar mi alma de la responsabilidad de utilizar semejante prosa tecnoprogre– que el párrafo precedente está copiado de los periódicos. Y al evento han asistido quinientas prójimas africanas, con lo cual multiplicando por el número de maromos vestidos de blanco o azul y de niñas enturbantadas o empañueladas nos sale por un pico. Ante tal esfuerzo solidario habría que oír al pobre Barrionuevo (el Bueno) que tanto se escandalizaba porque la caza de una zorra o dos conejos por parte de su Felipe IV costaba al erario veinte mil reales, maravedí arriba, maravedí abajo.

Aquí no duelen prendas: si a los áulicos consejeros de Rodríguez se les ocurre la genialidad de la Alianza de Civilizaciones, éste tira de chequera y apoquina hasta por los helados que se coman Kofi Annan o Mayor Zaragoza, otros solidarios de pro; si Rubalcaba implora la ayuda marroquí o mauritana para disimular un poco en el coladero de las fronteras, allá van todoterrenos, motos acuáticas y de las otras, lo que sea; si Moratinos finge negociar algo con los subsaharianos para que no nos manden más compatriotas de los que jamás pisarán el hotel Villamagna, extrae el talonario. Y así. Y lo mejor de todo viene con los resultados: patada en la boca por colonialistas y ricos a la primera ocasión. Pregunten a los policías maltratados en Mauritania y abandonados por nuestro gobierno. Y es que estos imprevisores funcionarios cometieron dos errores: presentarse en África sin las ropas adecuadas y sin saber cantar el Akuna Matata. María Teresa debería darles clases.

Serafçin Fanjul. Libertad Digital

Y ahora, a rescatar la soberanía

La manifestación de este sábado, por históricas que resulten sus proporciones, no tendrá el menor efecto en la política antiterrorista de José Luis Rodríguez Zapatero, tal y como el presidente ha avisado, displicente, en la víspera de la convocatoria del PP. Ignacio de Juana no volverá a la cárcel a cumplir hasta el último día de su condena a tres años de prisión, y Batasuna-ETA se presentará a las próximas elecciones locales, bajo este o cualquier otro pabellón electoral, sin haber condenado el terrorismo y sin cumplir con la Ley de Partidos.

Conviene dejarlo sentado, para que la potente energía de patriotismo y libertad que ha prendido en una parte de la sociedad española se mantenga con la debida tensión cívica y no decaiga en frustración ante las nuevas e inexorables cesiones que el Gobierno hará al terrorismo en los próximos meses.

Es indispensable que el foco de resistencia pacífica nacido en el seno del movimiento de las víctimas y galvanizado por el colosal potencial movilizador y pedagógico del primer partido político de España en número de afiliados conserve viva y lúcida su heróica impugnación moral de un presidente consumido por la debilidad y desbordado por el desafío de los enemigos de la libertad y de España.

Es clave que la llamada de Mariano Rajoy a “todos los españoles a los que les importe España” para que pongan “fin a esta situación” de crisis nacional llegue al último rincón del último hogar del país; y sólo la conmovedora conjura cívica confirmada este sábado por dos millones de personas en las calles de Madrid puede propagarla.

Por eso, lo más difícil y duro de este auténtico movimiento por la independencia nacional empieza ahora. Después del vibrante clamor de unidad en la ciudad más abierta y plural de España; después de un vendaval de banderas jamás visto y de un rescate popular del himno, convertido en símbolo de la libertad, llega el verdadero desafío: un Gobierno acorralado, más rehén que nunca de la voluntad de ETA, y, por lo tanto, más despótico y dispuesto a perpetrar más injusticias que nunca para satisfacer a los terroristas.

Un presidente que llegó al poder gracias a los terroristas contrae un vínculo fáustico de por vida. Sólo los terroristas deciden cuándo saldrá del poder, y hasta cuándo les servirá desde el mismo. Este otro 11 de marzo, tres años después de aquel sangriento jueves que le hizo ganar las Elecciones contra toda evidencia, Zapatero es un presidente más débil y, por lo tanto, más peligroso para España. Un gesto de ETA, un simple comunicado, una promesa renovada de paz que reanime su proceso, su único programa político, su kit de supervivencia, sólo conseguirá precipitar la política de cesiones.

Desenmascarado incluso por sus votantes, desacreditado por la fácil y cobarde humillación de las víctimas, abominado por al menos la mitad de la nación, como ningún otro mandatario desde Fernando VII, por su ensañamiento en la traición, ¿de qué no será capaz a partir de ahora, a cambio de una prórroga otorgada por un gesto de los terroristas? Por eso, la respuesta del movimiento cívico debe ser el mantenimiento de la resistencia pacífica en la calle, y la del PP, volcarse en la batalla de las autonómicas (particularmente, en Navarra, pieza clave de la estrategia conjunta de Zapatero y ETA) y, a continuación, en el objetivo de un adelanto electoral que restituya cuanto antes a los españoles una soberanía que este presidente legal, pero ya completamente ilegítimo, ha puesto en rebajas a los terroristas.

Editorial. Libertad Digital

sábado, 10 de marzo de 2007

10-M La manifestación más importante




Pues sí, Rajoy tiene razón cuando afirma que la de mañana es la manifestación más importante de la democracia. No se trata de negar trascendencia a la que siguió al 23-F. Pero aquella cerraba un episodio anacrónico y soldaba una alianza entre partidos, respaldada por la inmensa mayoría de los españoles.

Ahora es al revés. Los convocados para mañana sábado por el Partido Popular (y las innumerables asociaciones que se han sumado al acto, desde la AVT y la Fundación por la Defensa de la Nación Española a la Confederación Española de Policía) se reunirán en la Plaza de la Independencia, en Madrid, no para celebrar un éxito y dar por cerrada una etapa, sino exactamente para lo contrario: para evitar que se termine de perpetrar un nuevo crimen, de los muchos que han caracterizado nuestra historia, en contra de la libertad, la patria y la democracia.
De Rodríguez Zapatero no se fía ya nadie: ni los neocomunistas, ni los nacionalistas, mucho menos los socialistas, a poca cabeza que tengan, y menos aún sus propios ministros. Rodríguez Zapatero ha traicionado a todo el mundo, a los que considera sus enemigos políticos (el PP, sus votantes y simpatizantes), y también a sus propios aliados nacionalistas, aquellos con los que ha querido reconstruir el Frente Popular para expulsar a la derecha de la vida española.


Los únicos amigos que le quedan son los etarras. Quizás es porque desde el 11-M depende de ellos, o tal vez es que Rodríguez Zapatero está convencido de que la nueva España con la que él sueña los necesita. Sea lo que sea, Rodríguez Zapatero ha convertido a los etarras en el eje central de toda la vida española, en la raíz fundacional de la nueva España que se disponía, y sigue dispuesto, a crear.


La importancia de la manifestación de mañana es por tanto infinitamente mayor que la que siguió al 23-F. Consiste en hacer comprender a Zapatero y a todos los aspirantes a sustituirlo, que probablemente serán muchos más de lo que creemos, que la mayoría de los españoles no estamos dispuestos a que nuestra nación, nuestro país, nuestra patria, la idea por la cual soñaron y se sacrificaron nuestros padres y que nosotros vamos a dejar a quienes nos sigan aquí, va a ser el fruto de esa coyunda inmunda entre traidores y asesinos. Que no vamos a renunciar a una idea de España integradora, libre y democrática.


Después de muchas manifestaciones cuyo hilo común ha sido la libertad y la dignidad, ahora se anudan de una vez, a la llamada del único partido nacional y democrático que nos queda, la dignidad, la libertad y la patria común, España. Vamos a defender España, una propuesta moral, un legado de ilusiones y una aspiración limpia a ser lo que somos, sin imposiciones ni chantajes.

Eso es lo que Rodríguez Zapatero y sus amigos no comprenderán nunca.



José María Marco. Libertad Digital