lunes, 20 de agosto de 2007

Hombres de principios hoy


A veces hay que plantar cara y aguantar las represalias.Un rey frente al aborto, un ministro frente al homosexualismo, una chica de 16 años frente al adoctrinamiento... vivir con coherencia requiere coraje.

Lo trágico en una sociedad no es que falten verdaderos principios sino que no haya quienes estén dispuestos a vivirlos.

Por fortuna, hay seres humanos que han antepuesto la coherencia y unas convicciones nacidas del diálogo armónico entre la fe y la razón a intereses egoístas, al conservar el buen nombre, la reputación e incluso el puesto de trabajo o hasta entradas de dinero.

Balduino: el trono y el aborto

Uno de los ejemplos más conocidos que mejor denotan la personalidad política
y la autenticidad en la vivencia de sólidas convicciones lo tenemos en el rey Balduino. El rey de los belgas rechazó sancionar el texto legislativo que regulaba la introducción del aborto en su país. Entre el 3 y el 5 de abril de 1990 decidió suspender temporalmente el ejercicio de sus funciones porque estaba decidido a no firmar la ley aunque eso conllevará la renuncia al trono.

La decisión espoleó las conciencias, sí, pero también le ganó muchas críticas por quienes quisieron ver en su proceder un acto de intolerancia y falta de respeto hacia lo que una mayoría constituida legítimamente había decidido aprobar y él debía firmar. Poco le importó al monarca. Balduino hizo lo que todo político, lo que todo hombre de principios debía hacer: si la existencia sólo puede concebirse desde criterios morales conformes a unas convicciones, no pudo menos que asumir la situación con coherencia y negarse a firmar algo objetivamente malo aunque lo hubiese aprobado una mayoría por muy legítima y democráticamente elegida que estuviese.

La campaña contra Butiglione

Hace un par de años el caso de Rocco Butiglione llenó los diarios y programas de tertulias de un buen número de países, sobre todo europeos. Ministro italiano de asuntos europeos, había sido presentado como candidato para asumir la comisaría europea de Justicia y Libertades Públicas pero el Parlamento Europeo rechazo su candidatura a causa de unas declaraciones sobre la homosexualidad:

“Me preguntaron si yo creía que la homosexualidad es pecado y yo intenté no contestar, porque esa es una cuestión que no tiene trascendencia política y no se discute en el Parlamento Europeo, sino en un seminario filosófico o teológico. Y no contesté. Dije que era posible que yo pensara que la homosexualidad es un pecado, pero que eso no tiene ningún efecto político, porque yo estoy a favor de la no discriminación (…) Yo dije lo mínimo de lo mínimo que podía decir sin traicionar mi fe; quizás no soy un católico muy valiente, porque dije lo mínimo, pero no fue suficiente. Ellos querían que dijera que la homosexualidad no tiene ningún efecto moral negativo, y eso es una violación de la conciencia”.

Le costó el rechazo pero asumió las consecuencias de su fidelidad a sus convicciones. Declaría lo siguiente a Cristina López Schlichting de la cadena COPE:

“Yo quería ser comisario europeo porque creo que podía hacerlo muy bien y siempre he sido europeísta, pero en la vida hay cosas más importantes que la Unión Europea, y la conciencia es una de esas. Me pusieron en la necesidad de escoger entre mi puesto en la Comisión y mi conciencia, y creo que mi elección ha sido la justa. A Jerzy Popielusco lo mataron por su fe, yo he perdido solo un puesto en la Comisión Europea; no sé si Dios me hubiera dado fuerza suficiente para dar mi cabeza por mi fe, pero sí para dar un puesto en la Comisión Europea”.

Un presidente frente al chantaje

Un caso más reciente lo tenemos en el presidente de El Salvador, Antonio Elías Saca. Elías Saca ha reiterado su opción por la defensa de la vida además de recomendar a sus colegas latinoamericanos poner atención al magisterio de Benedicto XVI especialmente sobre la defensa de la vida y el papel y vocación del político católico. Yendo contra corriente, y muy a pesar de las presiones por implementar el aborto, Saca ha declarado que los salvadoreños son un “ejército que defiende la vida” además de reafirmar que se opone al aborto “porque el aborto es un asesinato y no podemos estar de acuerdo con él”.

Sus palabras le han ganado amenazas que van desde sanciones económicas a su país por parte del Banco Mundial hasta retirar programas de ayudas sanitarias y de alimentos por parte de algunos organismos de la Unión Europea.

Otro caso en América fue el del líder pro-vida mexicano Jorge Serrano Limón a quien el febrero pasado se llegó a acusar de malversación de fondos. A pesar de que las difamaciones le llevaron a los juzgados, a pesar de que le hicieron pagar una multa de poco más de 120 mil dólares, de que le retiraron las subvenciones y le inhabilitaron para ejercer cualquier cargo público, no ha cedido: continúa en la denuncia de quienes promueven el aborto.

El genetista Lejeune, fiel al juramento de Hipócrates

Aunque en otro campo, un gran ejemplo lo tenemos en Jerónimo Lejeune. Ferviente católico, padre de cinco hijos, profesor de genética en la Facultad de Medicina de París y descubridor del gen de la trisonimía 21causante del síndrome de Down, el hallazgo le mereció, por un breve momento, ser reconocido como uno de los científicos más prestigiosos del mundo y, de no ser por su postura pro vida, seguro acreedor del Nobel.

Su firme actitud anti aborto, radicada en profundas convicciones científicas y religiosas, le llevó al desprestigio y el ninguneo por parte de lobbys abortistas y buena parte de la comunidad científica mundial que veía en él un opositor a nuevas técnicas de experimentación que tomaban al hombre como conejillo de indias. Pero no medró ni un ápice. Fue propulsor y defensor en Francia de la Humanae Vitae de Pablo VI y de la Instrucción Donum Vitae sobre procreación artificial. En 1994, por sugerencia suya, Juan Pablo II creó la Academia Pontificia para la Vida de la que le nombró su primer presidente.

El doctor Ojetti, frente a la eutanasia

Más reciente es el caso del médico italiano Stefano Ojetti. En marzo pasado presentó su dimisión como consejero del Colegio de Médicos manifestando así su oposición a la decisión de sus colegas de hacer la vista gorda ante la eutanasia en Italia. En su carta dimitoria, el doctor Ojetti subrayó la convicción de que todo acto eugenésico está abiertamente en contra del juramento de Hipócrates y contra el código de deontología médica.

L´osservatore romano, el rotativo de la Santa Sede, le dedicó un elogio en la edición italiana del 4 de marzo: “El gesto de Ojetti merece la más elevada consideración y tiene un valor ejemplar para quienes ejercen la profesión médica”. Y agregaba: “Al mismo tiempo, es un deber añadir una palabra de aliento para quienes, dentro de los órganos de decisión del Colegio de Médicos, siguen con su batalla en defensa de la vida, valor que hoy es sumamente atacado”.

¿Conciertos "benéficos" con músicos pro-aborto?

Tener las ideas claras, jerarquizadas y en su lugar, también puede llevara a hacer lo que el arzobispo de St. Louis Missouri. Monseñor Raymond Burke renunció a la presidencia de la Fundación Infantil Cardenal Glennon por incluir en un concierto benéfico a la cantante Sheryl Crow, conocida proselitista a favor del aborto.

“Debo responder a Dios por la responsabilidad que tengo como arzobispo. Una institución católica en la que actúa una artista que promueve el mal moral da la impresión de que la Iglesia es inconsecuente con sus enseñanzas”. Y es que aunque alguno arguyó que no se trataba de ideologías sino de los niños, la presencia de una cantante como Crow era una afrenta a la identidad y misión de la fundación dedicada al servicio a la vida.

El arzobispo genovés y presidente de la conferencia episcopal italiana, Angelo Bagnasco, tampoco se ha dejado intimidar por las múltiples amenazas, incluso de muerte, por su postura de defensa a la familia y a la vida. Tras unas declaraciones en las que recordaba que no todo podía ser lícito so riesgo de caer en el relativismo, algunos grupos anónimos se han dedicado a pintar con amenazas e insultos la catedral genovesa y algunas calles de la ciudad. Pero Monseñor Bagnasco sigue firme en la defensa de la verdad, de la ley natural, aun a costa de la propia vida.

Con 16 años, al Estado: "a mí nadie me come el coco"

Pero lo de la defensa de los verdaderos principios no está reservado sólo a figuras públicas. Blanca María Ponce tiene 16 años y es la primera estudiante española que presenta una objeción de conciencia contra la asignatura “educación para la ciudadanía” impuesta por el gobierno socialista en España y ampliamente calificada como ideologizada. Como ella misma lo expresó: “Objeto porque quiero y porque puedo. Considero que a mí no me come el coco nadie, ni mucho menos el Estado. Creo que hay cosas que uno debe aprender en casa y no en el colegio…”.

Ha contado con el apoyo de su madre, doña Margarita, quien en entrevista al semanario Alfa y Omega ha dicho claramente “A mis hijos los educo yo”. “El Estado pretende que los niños tengan una sola idea, una sola forma de pensar, cuadricularles la mente y quitarles la libertad. Quiere crear un patrón único por el que todos los niños piensen igual y crean lo mismo, para mal. Esta es una intromisión en toda regla, y además un abuso de poder. Esto es un abuso, un atropello”, ha enfatizado.

Ciertamente todos estos casos, y algunos otros que podríamos haber tocado, deben animarnos a defender nuestros valores, los verdaderos. Es agradable recibir noticias de testimonios como estos que dan un respiro de aire fresco, abren los horizontes, nos dicen que no estamos solos y que todavía hay esperanzas. Pero lo mejor de todo no es la consideración banal de que sabemos que hay quienes viven así sino el llamado y la vivencia a la que nosotros también debemos comprometernos.

Es bueno que haya individuos de principios pero lo mejor sería una sociedad entera viviéndolos.


Jorge Enrique Mújica
ForumLibertas.com

martes, 7 de agosto de 2007

LA TELEVISIÓN DE HOY

Por Mariano Martín Castagneto en www.conoze.com

Se ha dicho muy a menudo que la televisión ha funcionado siempre como una caja de resonancia de las costumbres sociales y los comportamientos de la gente. Allí, todo se magnifica, todo es reproducido cientos de veces y quien queda afuera de su diálogo parece estar condenado al ostracismo.

Al menos, la televisión de hoy plantea unos cuantos interrogantes. Difícilmente se puede afirmar que es un oasis de pureza y buenas intenciones. Por el contrario, suele haber espectáculos lamentables, soeces, vulgares. Aquí, en Argentina, un ejemplo de ello es el programa de Marcelo Tinelli, «Showmatch». Lo increíble es que llega a tener picos de cuarenta puntos de rating y el segundo de publicidad se cobra una millonada. Un programa fiel reflejo de lo que mucha gente tiene en la cabeza: nada.

La televisión es una cosa seria. Es un arma de doble filo. Por un lado, es capaz de brindar cierto entretenimiento, pero basta cambiar un par de canales para darse cuenta que lo que abunda no son los shows de payasos y mimos sino la animalidad reprimida de muchos, junto con la complicidad del espectador autómata.

La televisión, muchas veces, es una verdadera ocasión de pecado. Curiosamente, aparece todo menos Dios: una perfecta maniobra diabólica. Pero cuidado, porque ni siquiera es necesario estar hablando del Creador para que la televisión alcance niveles aceptables. Simplemente, buenas costumbres y una buena dosis de sentido común bastarían para que la palabra dignidad reaparezca por esas tierras acosadas de sensualidad y perversión.

Nos acostumbramos a ver niñas inocentes en paños menores; gente que, después de ventilar su intimidad, se dedica a robarles la suya a los ajenos. Nos acostumbramos a lo bajo, a lo sucio, a lo vulgar. Es un deber grave, tanto del cristiano como el que no lo es, sólo por su simple condición de hombre digno, velar por los contenidos de este artificio. Y si no se puede ver nada, pues no se ve nada. Sencillo. Se apaga el televisor y a otra cosa más interesante, más productiva. Pero no se puede ser uno más de los que pactan.

La cultura, según parece, no vende. No faltarán aquellos hombres ilustres que critiquen a quienes se oponen a los contenidos actuales de la televisión. Son los sabelotodos, los que el pueblo escucha. Y no será casualidad que luego, tantos problemas de alcoba, tantos problemas de convivencia, tengan su origen en el comportamiento pasivo del televidente espectador.

A muchos les conviene que la gente no piense demasiado, pues luego son más fáciles de manipular. El pensamiento crítico ha sido desterrado y ha encontrado un improvisado hogar sólo en algunas bibliotecas o selectos grupos de estudio. La irreverencia ha conquistado voluntades y ha reclutado miles de adeptos que se niegan a ir en contra de la corriente.

Para cualquiera que se considere con cierta dignidad, la televisión actual, salvo contadas excepciones, no es el lugar adecuado para encontrar medios para el desarrollo personal. Y para el cristiano es obligación grave huir de la tentación. Y, en más de una ocasión, esa fuga será equivalente a apagar el televisor.

miércoles, 1 de agosto de 2007

EL VALOR DE LA PALABRA

Lluís Foix
La Libreta (en La Vanguardia digital)
04/04/2007

Cambiar el sentido de las palabras es el primer paso para deformar la realidad. Es una trampa que puede acarrear graves daños para millones de ciudadanos que nos podemos sentir arrastrados por el cambio inadvertido del lenguaje.

Hace veinticinco siglos, Confucio mantuvo largas conversaciones con sus discípulos chinos hablando del valor de las palabras. Cuando alguien le preguntó qué haría si llegara a gobernar el gran país asiático respondió que escribiría una enciclopedia en la que cada palabra tuviera su significado. Es el principio básico de toda civilización.
Claudio Magris pone en boca del protagonista de su última novela, A Ciegas, que "sin palabras y sin fe en las palabras no se puede vivir; perder esa fe quiere decir ceder, abandonarlo todo". Cambiar el sentido de las palabras equivale a una gran catástrofe que puede conducir a horribles tragedias. Lo comprobamos en el siglo pasado cuando la democracia, la libertad y la justicia fueron conceptos que deformaron la realidad.
Shakespeare, que ponía palabras a las pasiones, las traiciones, las grandezas y las vilezas de los humanos, era algo más que el más grande de los dramaturgos. Era un filósofo que todavía hoy nos envía lecciones sobre el comportamiento de las personas.
Cambiar el sentido de las palabras, como dijo Montaigne y más tarde Lewis Carroll, es el primer paso para deformar la realidad. Es una trampa que puede acarrear graves daños para millones de ciudadanos que nos podemos sentir arrastrados por el cambio inadvertido del lenguaje.
"Nosaltres, ben mirat, no som més que paraules", escribía el poeta Miquel Martí i Pol. Las palabras no se las lleva el viento. Pueden circular de un espacio cultural a otro, pero no pueden perder su significado porque corren el riesgo de causar grandes desgracias.
Cuánta violencia se ha perpetrado en nombre de la paz, del bien, de la patria, del orden, de las leyes, del terrorismo.
El filósofo Tsvetan Todorov, por ejemplo, desarrolla un interesante discurso sobre cuánto mal se ha cometido en la historia en nombre del bien. Un niño muerto por una bomba arrojada por un ejército de un país democrático para liberar a una sociedad oprimida por un tirano, sigue siendo una víctima inocente. Que Arnaldo Otegi nos hable de libertad y de democracia es insoportable. Tan insoportable como escuchar a Bush, Blair y compañía cuando pretendían democratizar Oriente Medio a golpe de misiles y bajo el grito "conmoción y pavor" de Donald Rumsfeld.
Copio el fragmento de un diálogo entre Antoine Spire y George Steiner, titulado La barbarie de la ignorancia, en la que cuenta que en la época de Breznev "había una joven rusa en una universidad, especialista en literatura románica inglesa. La metieron en un calabozo, sin luz, sin papel ni lápiz, a causa de una delación idiota y completamente falsa, ni falta hace aclararlo. Conocía de memoria el Don Juan de Byron con sus más de treinta mil versos. En la oscuridad lo tradujo mentalmente en rimas rusas. Salió de la prisión habiendo perdido la vista, dictó la traducción a una amiga y esa es ahora la gran traducción rusa de Byron. Ante ello, me digo varias cosas. En primer lugar, que la mente humana es totalmente indestructible. En segundo lugar, que la poesía puede salvar al hombre hasta en lo imposible".
Si perdiéramos el sentido y el valor de la palabra volveríamos a la barbarie.